Como en casa, en ningún lado

“Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra”, cantaba la malograda Cecilia. Cuna del expatriado que sale a ganarse la vida a otros lugares, sea cual sea su condición, al que acoge a su vuelta con la certeza de que, como en casa


, en ningún sitio. No voy a pecar de chovinismo porque lo que digo lo digo con legitimidad. He vivido en el extranjero en tres continentes diferentes, y hasta en cinco países distintos, y he viajado a más de veinte. No son la totalidad. Tampoco mis experiencias abarcan todas las maneras de vivir lejos de la patria, obviamente; pero me siento suficientemente validado como para decirlo: como en España, en ningún sitio. Eso no es óbice para reconocer la comodidad de Kuwait, mi último destino, para vivir trabajando como entrenador profesional. Su seguridad, algo esencial para quien abandona su país, es algo muy destacable; y, por supuesto, sus posibilidades a todos los niveles (sanitario, gastronómico, tecnológico, ocio…); o las bondades de la vida en la Atenas griega, que disfruté durante mi etapa en Olympiacos, con sus playas, naturaleza, islas, gentes, productos de la tierra…; o el lujo de los Emiratos Árabes Unidos, algo que experimenté durante mis tres meses en Al Wasl, con un cultura similar a la de los otro países del Golfo Pérsico a la que se le añade una corriente normalizada de occidentalización- americanización en cuanto al way of life…; o la cotidianidad de la vida en Cochabamba, Bolivia, que viví en mi primer proyecto profesional en Wilstermann. Un país del que uno se sorprende al llegar debido a la desinformación de la que todos somos víctimas en la actualidad (y que nos llena de prejuicios si no somos críticos), pues goza de una riqueza natural apabullante y de una calidad de vida altísima en la mayor parte de las ciudades. Soy consciente de los niveles de pobreza de La Paz, pues los he vivido en mis carnes, pero elementos aislados como ese no deben hacernos confundirnos con el resto del país ni perder la perspectiva acerca de las causas del problema, de su raíz y de sus posibles soluciones; o, por supuesto, la experiencia que supone vivir en Inglaterra (pese a ser algo que solo viví por unas semanas), sobre todo para alguien que se dedica al fútbol, por la pasión con la que lo viven, por la intrincación de nuestro deporte en la sociedad inglesa al completo, de la que es parte esencial en su día a día. Teniendo en cuenta lo anterior, salvando lo positivo de las experiencias, me quedo en España. Cuento con la fortuna de ser ciudadano de un país con una riqueza cultural infinita, con una historia milenaria escrita por pueblos de toda índole que pasaron por esta tierra, con una variedad climática que permite vivir cuatro estaciones o un verano sempiterno, y una geografía tan dispar que no habrá quien quede descontento, ya quiera mar, lago, playa, montaña, meseta, pueblo o ciudad. Si ser español es una ventaja por todas estas cosas y muchas más relacionadas con nuestra seguridad, organización, recursos, protección, legislación, tecnología, etc., supongo que por muy mal que se esté en algún lado, se necesita una base, un lugar al que volver, unas raíces, un origen. Debe ser eso lo que más tira de uno cuando se siente solo en un lugar extraño, venga de donde venga, por muy bien que viva; por muy dedicado que esté a la labor que le apasiona. Si esas raíces crecen en España, la cosa adquiere mayor sentido. Periodo vacacional. Toca disfrutar de esa España a la que tanto añoré en los últimos meses. Nunca había pasado tanto tiempo lejos de casa. La pandemia no nos permitió ni hacer un paréntesis en las navidades para tomarnos ese respiro, ver a nuestra gente y volver con la ilusión recargada a afrontar la parte importante del campeonato. Supongo que eso ha acrecentado las ganas de volver. Cerrada esta etapa, y con la incertidumbre (fiel amiga) de no saber a dónde me llevará el destino, toca cerrar el blog por un mes y despedirme hasta julio. Estos momentos de parón obligado entre temporadas o proyectos son ideales para el reciclaje y la preparación. Para abundar en lecturas y estudio, repaso de lo practicado y planteamiento de novedades que implementar en próximas experiencias. Es un momento estimulante y divertido, sobre todo cuando aprendes a vivir en el ahora y te niegas a que la inseguridad te chafe la alegría de vivir. No hay nada. ¿Y qué? Ya saldrá algo. Siempre ha ido bien. Espero que nos veamos en julio. Sea donde sea desde donde escriba, disfrutaré del viaje (siempre, pese a que a veces duela. Es parte de la vida). De eso estoy seguro. Quizás, esos viajes, más o menos cerca (dentro o fuera de España) vengan para eso; para dejarme claro, entre otras cosas, dónde está mi casa. Como decía un amigo mío ayer, “solo los que hemos vivido fuera sabemos lo que significa volver a España”. Que tengas una feliz semana. Mucha Vida. Mucho Amor. Mucho Fútbol


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