Cuantificar la carga táctica. Un ejemplo concreto

Actualizado: 14 de may de 2019

Como no me siento legitimado para hablar sobre la teoría de algo que no practico, para resolver la duda que me planteaba Dani en los primeros días del blog haré un acercamiento a nuestra labor actual. E iré al grano. La carga táctica es solo uno más de los aspectos sobre los que incidimos en los entrenamientos dentro del todo que es el fútbol, nuestro trabajo. Entendiéndelo (aunque no tenga sentido), solo para comunicarnos, como algo concreto, "aislado", podemos decir que es una de las tareas importantes del entrenador. En mi opinión, se trata de decidir la cantidad, la calidad y el para qué del tiempo de juego destinado durante el entrenamiento a que el equipo practique su coordinación en el terreno de juego, ya sea cuando está en posesión del balón o cuando desea hacerse con él. Si bien toda relación dentro del terreno de juego, en la tarea que sea, tiene un componente táctico, también es cierto que los técnicos desarrollamos ejercicios y juegos que pueden tener, preferentemente, algunos factores como núcleo principal, o bien unos objetivos predominantes. Hay tareas donde se "juega al fútbol" pero la condición física tiene una prioridad, por ejemplo. Sin embargo, eso no deja de generar relaciones con y sin balón que obedecen a aspectos tácticos.


En nuestro equipo de trabajo, y con la dinámica que llevamos actualmente, de la que soy partícipe y en la que confío a pies juntillas, la carga táctica del microciclo (es decir, la cantidad y calidad de las tareas, el tiempo y los contenidos que dedicamos a que los jugadores aumenten su potencial colectivo) está en función de varios factores: el partido anterior, el partido posterior, lo desarrollado hasta el momento en el que nos encontramos y el tiempo-espacio del que disponemos para entrenar. El partido anterior nos da información sobre nuestro equipo: qué estamos haciendo, por un lado, y si queremos que eso se repita, o que cambie, por el otro. Si queremos que se repita, seguiremos haciendo lo mismo; si queremos que eso nos dé un resultado diferente, tendremos que implementar cosas nuevas o enfocarnos en lo que aún no nos termina de salir de una manera distinta. El partido posterior nos da información del rival: cuáles son los patrones del equipo al que nos enfrentamos, y qué podemos hacer con nuestras características para hacerle daño y evitar que nos lo haga. Lo desarrollado hasta ahora ha ido generando un feedback que nos ha ayudado a evolucionar hacia donde estamos en este momento. Esa información es clave para ver por dónde orientar el entrenamiento y poder seguir creciendo desde donde estamos. Y por último, el tiempo y el espacio del que disponemos nos permite ubicar en el programa de entrenamiento, en cada día del microciclo, un número determinado de juegos o ejercicios que nos permitan repetir las situaciones de juego (jugar al fútbol, en definitiva) que se van a dar en competición para que el jugador sea cada vez más experto ante las situaciones que vivirá entonces. Eso es todo.


Al final, siendo pragmáticos, el microciclo más largo en nuestra competición (y en casi todas) tiene siete días (entre un partido y otro). Si el jugador debe recuperar el día posterior y otro más (que suele ser de descanso) y no se incorpora a una dinámica "normal" hasta el tercero, teniendo que evitar introducir entrenamientos de alto impacto los días previos al partido para poder estar en las mejores condiciones, solo dos sesiones de la semana contemplan más de 30-45´de juego en condiciones similares a la competición. El resto debe estar muy ajustado al impacto que ha tenido lo anterior y el que puede tener lo posterior. De este modo, me permito dar algunas sugerencias (que no son otra cosa que las ideas que, en nuestro grupo de trabajo, practicamos):


- Como el tiempo es tan reducido, que la cantidad de tiempo dedicada al juego (libre, sin reglas ni condiciones) sea la mayor posible. Al final, yo contabilizo no más de dos tareas por sesión y no más de 30-40´.


- Que la mayor parte de las tareas, aunque no tengan una prioridad "táctica", tengan en su desarrollo patrones o hábitos que ayuden a los jugadores a hacer inconscientes, de tanto repetirlo, aspectos útiles en el juego (perfil, anticipación de acción posterior, ritmo de juego, relaciones dentro de cada línea y entre las líneas, fundamentos técnicos, etc.).


- Que se den todas las situaciones que se dan en la competición cuando se está o no en posesión del balón, y que eso se produzca en todas las partes del campo (para unos, los cuatro momentos del juego, para otros, las zonas de intervención, etc.). En nuestro caso, durante todo el microciclo se practican tareas donde se da el juego de manera que aparecen, con balón, ataques posicionales desde balón parado y en juego, y contrataques; y, sin balón, defensa posicional desde balón parado y en juego, y contrataques del rival, así como todas las acciones a balón parado.


- Aunque haya una prioridad (ataque posicional, por ejemplo), todas las tareas (salvo excepciones) tienen diferentes situaciones, fases o momentos del juego. Suelten tener continuidad ya que, en esta visión sistémica, el dividir el juego en partes (más ya de lo que lo dividimos conceptualmente) hace que se pierda la naturaleza misma del propio juego (imagina lo que altera un ataque el hecho de que el poseedor de balón no tenga la opción de ser contratacado, por ejemplo).


Espero haber sido conciso para que el post no se alargara demasiado y os emplazo a consultar por redes sociales o vía email aspectos más concretos sobre este tipo de cuestiones. La semana que viene retomaremos el otro tema, interesantísimo, del que me solicitaba hablar en Twitter nuestro amigo Jorge. La gestión emocional.


Mucho Amor. Mucha vida. Mucho Fútbol.

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