Juego de niños

Actualizado: ene 16

Si la realidad no existe y la repetición crea hábitos, podemos hacer que un niño, desde que empieza a jugar al fútbol, perciba la competitividad para consigo mismo y honre a su rival por la posibilidad de ayudarle a dar lo mejor de sí, y así tenga una realidad muy diferente a la que impera actualmente en nuestro deporte. ¿Por qué no empezar a crear una nueva sociedad desde hoy mismo?


Hace tiempo planteé una propuesta a los estamentos nacionales del fútbol que no llegó ni a poder ser estimada por la compleja burocracia que sostiene los cambios en la legislación federativa de las competiciones deportivas. Ni siquiera en los comités territoriales se posibilitaba abrir el debate. Vaya por delante esta propuesta y a ver si, al menos, genera una tormenta de ideas. La solución era sencilla.


Partiendo de la idea de que los niños que empiezan a jugar al fútbol por primera vez, ya sea en la mínima categoría en la que pueden debutar (3-4 años) o en juvenil, no tienen una idea asociada de lo que van a vivir, y lo que viven lo toman como verdad, se me ocurrió la idea de plantear un proceso que empezara en las 2-3 primeras categorías (chupetes, prebenjamín y benjamín) para que en los años sucesivos se fuera implementando en una categoría superior por año para aprovechar la inercia de los que a venían con el aprendizaje inicial. Consistía en una serie de rutinas prepartido y pospartido que crearan dos hábitos: el primero, el de hacer un círculo de jugadores, entrenadores y árbitros abrazados en el centro del campo, con los dos equipos, y darse las gracias por poder compartir ese momento juntos, así como saludar a los padres y aficionados; el segundo, tomando la idea del Rugby, el de que el ganador haga un pasillo al perdedor y que el perdedor haga un pasillo al ganador en celebración por haber podido disfrutar de lo que más les gusta y haber sacado, ambos, lo mejor de cada uno para que el otro pudiera dar su mejor versión. Y, por supuesto, un agradecimiento al árbitro por permitirles que puedan jugar de una manera justa. ¿A alguien le parece una locura? Si en cada campo de fútbol de estas categorías se repitiera esto en todos y cada uno de los partidos que se juegan cada fin de semana, en menos de una temporada tendríamos cientos de miles (sí, cientos de miles) de niños concienciados de manera automática, inconsciente, de esta realidad: que el rival es amigo, que cuando competimos le voy a ganar a toda costa, que si pierdo le doy la enhorabuena por ganarme, y que si gano le agradezco el esfuerzo porque me ha permitido ser mejor que ayer. Además, el respeto a árbitros y entrenadores sería implícito.


Para poder llevar a cabo esto, que no me parece difícil, personalmente, solo necesitaríamos una circular nacional de obligado cumplimiento por parte de las territoriales desde la propia Federación Española o CSD. Una circular donde se explicara el protocolo a seguir en esas tres categorías de base, así como el sentido de la propuesta. Es obvio que no vale solo con los gestos (claves, en mi opinión, porque de esas repeticiones surgirán hábitos que, asociados a algo tan atractivo y placentero para los chicos, quedará grabado a fuego para siempre). Es necesario que los tres pilares, es decir, clubes, entrenadores y padres, se involucren (a los árbitros los tomo como ejecutores del proceso. Fundamentales, sin duda). Eso implica aceptación de las normas, transmisión de esta idea a los chicos en el día a día y, lo más importante, ejemplo a cada segundo de comportamiento en este sentido, pues serán el espejo en el que se mirarán los pequeños. Controlar la actitud (y más, con los acostumbrados que estamos en base a ver auténticas manifestaciones de falta de educación en valores por parte de todos) supone, a mi parecer, plantear ciertas "normas" de comportamiento con sus respectivas sanciones para la "triada" de la que hablamos. Por ello, y con ánimo de facilitar su implantación, proponía algo muy sencillo, a priori, pero que se me manifestó complejo a nivel institucional:


1.- Firma de consentimiento por parte de los padres para llevar a cabo estos protocolos con la consiguiente asunción de responsabilidad sobre su comportamiento en los campos de fútbol. Esta responsabilidad debería conllevar que los padres solo pudieran animar a los niños. Cualquier acto de insulto, menosprecio o menoscabo a la labor de niños, rivales o propios, árbitro o entrenadores conllevaría, o bien la suspensión del partido, o bien la expulsión de la instalación del padre o aficionado en cuestión. Al igual que ahora, los árbitros tendrían la autoridad para llevar a cabo la decisión.


2.- Lo mismo para entrenadores. Aplicable de igual manera al 100%. De hecho, aquí se podría suspender de empleo y sueldo a los responsables desde el comité de entrenadores.


3.- Los responsables de los clubes, por su parte, entrarían dentro de ambos grupos pues a veces se posicionan como técnicos en torno al juego o aficionados que observan los encuentros, ya sea desde un punto de vista técnico o laboral o, simplemente, para disfrutar del juego.


A partir de aquí se me ocurrieron sanciones o ideas de cara a evitar que los infractores volvieran a pisar instalaciones deportivas. Quizás eran demasiado duras. El caso es que aquí no puede haber la mínima tolerancia con este tipo de acciones: si la educación tiene que ser con palo, habrá que disponer de la Policía Local o la Guardia Civil (de los que ya se dispone, por otra parte, ante altercados con los árbitros) ante cualquier incidente.


Cuéntame qué opinas, ya seas padre, entrenador o directivo. Cuéntame si crees que esto puede ser llevado a cabo y si se puede elevar desde las asociaciones deportivas y los clubes a las territoriales y, desde ahí, crecer. Sueño con un mundo mejor y mi granito de arena puede ser una playa infinita si esto se llevara a cabo. La contaminación positiva podría ser desproporcionada. ¿Por qué no? El fútbol es lo que mejor conozco. Tengo claro que esa propagación en la base puede hacer que llegue en poco tiempo a ser una realidad en todo el país. Es necesario más amor y menos conflicto y, por lo que veo en los terrenos de juego, no se tiene muy clara la labor de cada uno. El directivo pone los medios, el padre acompaña a su hijo a hacer lo que le gusta y el entrenador genera el contexto para que se desarrollen potenciales. Nada más. El juicio huelga, y más desde la visión del padre, ya sea ignorante o ducho en la materia futbolística; el entrenador es el que evalúa, pero evalúa a los suyos, no a los rivales ni al colegiado; los directivos hacen la labor sorda e invisible de permitir que los niños practiquen su deporte favorito. Y todo lo demás, sobra. Sobran los insultos, sobran las faltas de respeto, las agresiones verbales (que decir de las físicas), la desvalorización de la labor del entrenador o la creencia de que tenemos a jugadores en pequeño en casa, potenciales "Leos" o "Cristianos". Personas. Tenemos personas. Seres humanos en pleno desarrollo pasándoselo bien. Disfrutando.


Que nadie tenga miedo a que ver al rival como un amigo que me pone en la tesitura de dar lo mejor de mí cada partido pueda llevar a descender la competitividad. Por suerte, pese a nosotros, los niños, sin someterles a nada, lo dan todo cuando juegan, con la máxima nobleza, y al terminar siguen jugando, a otros juegos, como los mejores amigos. La competición empieza a otras edades. No hay prisa. Para vivir en sociedad sí que la hay. El tiempo perdido con los niños es tiempo irrecuperable. Ahí está la semilla de otra sociedad, de otro mundo posible. Para los que tengan ese miedo, que se miren en el Rugby. ¿Puede haber deporte de más contacto, más agresivo, con tan poca violencia y, a la vez, con tanto respeto por uno mismo y por el rival? El que piense que esos no compiten es que nunca ha jugado al Rugby (y a lo mejor, ni al fútbol).


Que pases una feliz semana.


Mucha Vida. Mucho Amor. Mucho Fútbol

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