Más preguntas que respuestas (I)

El ritmo de este periodo estival queda lejos del frenético “no parar” de una pretemporada cualquiera para mí. Si bien el desarrollo de la misma estaría suponiendo ese continuum de entrenamiento-análisis-preparación-partido en el que nos sumerge a los técnicos la puesta a punto de los chicos para la competición, el hecho de estar a la espera de un nuevo trabajo me sitúa en las antípodas de esa dinámica. Es por ello que dedicaré esta semana, coincidente con el inicio de la liga en España, a un post de preguntas y respuestas… tuyas. Vuestras.


Hablábamos en las últimas entradas de planificación, periodización y programación del entrenamiento de brindarte la posibilidad de compartir cuestiones relacionadas con el asunto en cuestión. Contestaré a las que el espacio de esta entrada dé tiempo. Pero antes, una reflexión.


Con el paso de las temporadas y las diferentes experiencias, aparecen más cuestiones a resolver que certezas sobre mi labor. Cierto es que lo que ha ido funcionando deja un poso de seguridad que, sea o no real, me genera un marco de referencia en el que moverme para partir de algo tangible, concreto. Imagínate que en mi cabeza todo tuviera cabida. ¿Todo? No habría manera de ponerle el cascabel al gato… Me paralizaría el planteamiento de qué proponer solo para empezar. No está la cabeza del hombre preparado para algo así. Mejor bueno conocido que excelente por conocer.


De ahí que a la hora de poner en marcha cualquier proceso me ciña a unas ideas muy claras, concisas y prácticas a nivel de organización, desarrollo de contenidos e idea de juego. Y a empezar. Que el propio juego, el desenvolvimiento de los jugadores en el día a día y la competición sean la información utilizada para ir haciendo ajuste. Y a crecer desde ahí.


Las cuestiones que me planteas, lector, tienen un denominador común: la búsqueda de certezas. Y yo, honesto contigo, no puedo sino transmitirte, sin dejar de contestar (porque quieres certezas, y, si las quieres, he de dártelas: no admites otra respuesta), que son una fantasía que necesitamos pintar de realidad. Quizás hace tiempo insistía en que no había nada cierto, que todo podía ser válido. Ahora, sin dejar de admitir que no tenemos certeza de nada, propongo hacer “como si” la tuviéramos. Es más útil. Es más práctico. Es más sano.


Cada entrenador tiene un recorrido que le ha traído hasta aquí, y lo que ha hecho le ha sido beneficioso para trazar su camino. No podría haber sido de otra manera. Apoyarse en ello para seguir caminando es esencial. Y vale, claro que sí. El cuestionamiento de la validez de un método es imprescindible; su puesta en valor como punto de partida, también. Que los resultados de la competición sean otra referencia más, nada más, y nos guiemos por los resultados, sí, pero los de todos los aspectos que influyen en el rendimiento (impacto de nuestro trato al jugador, utilidad de las tareas de entrenamiento, transferencia a la competición, percepción subjetiva del esfuerzo, análisis del rendimiento en datos y en observación subjetiva, o lo que tu marco de referencia entienda valioso) nos permitirá evolucionar temporada tras temporada en nuestra forma de trabajar. Una tarea inconclusa. ¿Podremos vivir con ello?


Te emplazo a una segunda parte para responder esas preguntas que me planteaste; o, quizás, por qué no, a compartir las cuestiones que me suscitan esas siempre sabias inquietudes.

Que tengas una feliz semana.

Mucha Vida. Mucho Amor. Mucho Fútbol

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