Periodos de transición

Que si cuando una puerta se cierra, otra se abre; que si hay que dejar marchar lo viejo para recibir lo nuevo… Entre refranero, cancionero y dichos que se popularizan al aliento de las redes sociales podemos encontrar multitud de maneras de expresar una misma sensación. Por qué no, una misma verdad. Porque es algo que se ha transmitido a lo largo de la historia del hombre (algo de verdad tiene que tener). Sobre todo, a nivel espiritual. Corrientes orientales dan una connotación más solemne a esta idea cuando hablan de que el golpe de la tapa del ataúd es la fractura de la cáscara de un nuevo huevo.


Esta metáfora transmite a las claras lo que en la práctica, supongo que muchos (yo entre ellos), experimentamos cuando perdemos algo, sobre todo si lo estimamos mucho, que no deseamos perder o que intuimos como difícilmente recuperable. El miedo. Siempre el miedo. Si cambiamos miedo por amor, la pérdida pasa a la columna de las cosas positivas, pues, indefectiblemente, nos abre las puertas de algo diferente (sea lo que sea, esperado o inesperado).

Si bien esa óptica nos sitúa en un escenario en el que la muerte da paso a la vida, en esta existencia humana no hay lugar a nada sin su opuesto. Por eso, con la vida, de modo irremediable, firmamos la misma sentencia de muerte. ¿Cómo se te queda el cuerpo? Y sí, esto ya lo sabemos, aunque no lo queramos atender, de momento… Pero si de manera literal (lo de la vida y la muerte) puede ser un tabú, pues todos lo conocemos y pocos lo quieren tratar, de manera alegórica hay que reconocer que se da cada día en nuestra cotidianidad. En todos los aspectos que te puedas imaginar. Y, en el fútbol, cómo no, también.


Cada vez que firmo un nuevo contrato en un equipo, junto a la alegría de la llegada y la ilusión del nuevo proyecto, estoy colocando mi silla bien cerquita de la puerta. La puerta por la que saldré, tarde o temprano. En el fútbol, más pronto que tarde. Es por ello que la realidad exige acercarnos a las cosas con deseo y pasión a la vez que con desapego y aceptación. Disfrutando mucho de lo que se tiene; entendiendo que no va a ser para siempre.


Cuando se consigue algo, agradecidos, vivamos con intensidad y atención plena lo que tenemos por delante. Y tranquilos, sí, porque por muy importante que sea, no va a durar eternamente. Vivirlo como si nos fuera la vida en ello con la tranquilidad de que no será así suena contradictorio. Sin embargo, no se puede acercar más a lo que, en mi cabeza, parece tener sentido. ¿Qué crees tú?


En el momento en el que un entrenador sale de un equipo con la esperanza de recalar en otro, la muerte llama a la vida; cuando el periodo sin entrenar se alarga, es la vida la que llama a la muerte. Una muerte, la de ese proceso, que desembocará en el nacimiento de un nuevo destino. Mágico, motivante, inevitable. Real. Como la vida misma. Como su proceso infinito. Entrenador que llega, entrenador en el disparadero; entrenador que sale, entrenador que ubica su automóvil en la parrilla de salida. A los compañeros a la espera les dejo la misma imagen: el final de la transición se inició con su comienzo. Estad preparados.


Que tengas una feliz semana.


Mucha Vida. Mucho Amor. Mucho Fútbol

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