¡Al ataque!

Mientras van llegándome más inquietudes de lectores y colegas, expertos o profanos, aficionados al fútbol en general, de la índole que sea, voy a ir cerrando la batería de cuestiones que nuestros amigos entrenadores malagueños formularon hace unas semanas. Si en la pasada entrada me dispuse a tratar de lo que ocurre cuando no tenemos el balón, hoy toca hacerle un homenaje al gran Chiquito de la Calzada. En La Rosaleda se lee esa mítica expresión del humorista y cantaor malagueño en una pancarta enorme situada en la parte más cercana al terreno de juego de la tribuna de preferencia. Y no hay mejor comienzo para un artículo sobre lo que hacer cuando nos vemos con la posesión del balón que esa expresión tan ejemplificadora de tal momento del juego. Vámonos, pues, ¡al ataquerrrr!


En torno a tres cuestiones, igual que con la defensa, reflexionaré en la entrada de hoy:


1. Dejar el ataque al servicio del talento o no.


2. Cómo trabajar el ataque organizado en el fútbol profesional.


3. Importancia de sumar jugadores en fase de finalización (cómo, cuántos y cuándo).


Primera cuestión. Para que el talento surja debemos generar el contexto en el que emerja de manera natural. Y eso implica que la naturaleza de algo se manifieste en toda su esencia. Por decirlo de una manera más evidente: el jugador que tiene capacidad para el dribling tendrá más situaciones cuanto más tiempo tenga su equipo el balón y cuanto más veces reciba con una opción de 1x1. Eso conlleva que el juego se oriente hacia un lado diferente al que se orientaría si lo que propusiéramos fuera que el contrataque se diera constantemente (pese a que todo lo posible en fútbol, en mayor o menor medida, se dé en cada partido o entrenamiento). Desde ese prisma, podemos decir que los entrenadores proponemos tareas u orientamos el juego hacia aquello que, por nuestro conocimiento experto, creemos que favorece más a nuestros jugadores. Sin embargo, al orientar hacia algo, damos por hecho que sabemos lo que cada uno tiene potencialmente y, a la vez, limitamos apariciones de otros potenciales que están por descubrir. A lo mejor ese jugador que parece tan predispuesto al regate y al centro puede ser un organizador del juego genial. ¿Dónde ponemos el límite del condicionamiento?¿Hasta dónde llevamos ese famoso "constreñimiento" que permite que emerjan patrones o potenciales sin tener que condicionar? Solo tengo dudas. Disculpa que no pueda resolverlo. En esa duda crecemos los dos, lector y yo, y seguro que mis compañeros entrenadores. Seguimos.


Segunda cuestión. Esto es más sencillo (mentira: en el fondo, no lo es) porque puedo hablar de lo que yo siento y, más importante, de lo que puedo ser ejemplo. Como técnico solo he trabajado en fútbol base. Además, hace tiempo de eso y las ideas no se pueden transferir porque la pregunta iba en relación al profesionalismo. Sin embargo, aunque mi labor en fútbol profesional ha sido como asistente, puedo hablar desde la práctica. Me siento afortunado de trabajar con alguien que me escucha y para el que soy importante, pues eso no siempre es así. Eso ayuda también a que las ideas converjan. Ideas, por otra parte, que no deben ser las mismas para que sean útiles. Mi experiencia me dice que pensar exactamente igual favorece el empobrecimiento. Sin embargo, con personas proactivas y con una mentalidad creativa y emprendedora, el rodearnos de mentes con ideas diferentes, a veces complementarias, a veces antagónicas, crea maravillas. En ese sentido, pues, muchas de las cosas que pienso se pueden llevar a la práctica porque tienen cabida con mi entrenador, ya sea de manera íntegra, porque coincidan, unas, ya sea de manera parcial, otras, o tan solo como base para generar una idea en torno a ellas en otros casos (por supuesto, hay veces que ni se llevan a la práctica, pese a tenerse en cuenta. Pero todas suman). Así que el planteamiento es similar al de la defensa: las situaciones a balón parado pueden tener un punto de partido marcado pues son cerradas, sencillas de plantear desde esa iniciativa propia, sin lugar a oposición de partida, y provocando que desde ese contexto surjan situaciones en ventaja. Esto sirve para el saque de meta, muy recurrente, pero también para saques de esquina y tiros libres, por supuesto, saques de banda, importantísimos para mantener el balón en nuestro poder y atacar con continuidad, e incluso el saque inicial, aunque aquí sería demasiado tiempo invertido para algo que se da tan poco.


Las situaciones de juego donde se acaba de recuperar el balón se pueden entrenar, desde mi punto de vista, con juego abierto en diferentes versiones: cuanto menos jugadores haya más se repetirán patrones a entrenar y se fijarán hábitos, pero siempre con la idea de que no se desvirtúe el juego. Es decir, que no separemos aspectos que hagan que el fútbol que se da en la realidad se convierta en otro juego. Por ejemplo, que se mantengan sistemas con tres líneas (defensas, medios y puntas), que se den ataques hacia un lado defendiendo el opuesto, que haya zonas de marca o porterías, y que haya límites similares al del juego 11x11 se me antoja fundamental. Saco de la explicación, excepcionalmente, los rondos y algunas tareas muy concretas similares a ellos porque entran dentro de lo que denomino "tareas diarias para fijar hábitos". Ejercicios con superioridades manifiestas en espacios reducidos donde se dan mejoras técnicas por repetición y se automatiza la posición del cuerpo para recibir el balón del compañero con un perfil óptimo, de cara a la progresión del juego, detrás de la espalda rival, entre líneas, y donde se prima la continuidad en el juego, por lo que jugar con un control por medio y temporizar si no tenemos oposición son fundamentales. Juego posicional. Aprender a condicionar al rival. Engañar al contrario. Atraerle para liberar espacios donde aparecerán compañeros en disposición de recibir sin oposición y, por supuesto, intentar progresar, manteniendo la posesión si es que esa progresión no fuera posible. Principios del juego con balón que a día de hoy se me antojan universales.


Tercera cuestión: para terminar. Más que número de jugadores concreto tiene importancia, para mí, la organización espacial. Que haya muchos jugadores para el remate no es determinante si el balón no llega a los rematadores, si la superioridad del rival es manifiesta, si los riesgos ante una pérdida pueden acarrear una ocasión del oponente...Para hablar de esto tenemos que contextualizar. Como idea general, que nuestro equipo esté en disposición de finalizar la jugada con opciones de gol claras a la vez que cualquier contingencia si se pierde el balón pueda ser salvada es lo realmente primordial. Para ello, el concepto de equilibrio está presente desde el primer día de entrenamiento en cada tarea. Es necesario mantener la atención focalizada en el juego (concentración) para que todos los jugadores estén preparados antes de que ocurran las cosas. Esa anticipación supone entender la importancia de todos los jugadores, no solo de los del entorno del balón. Así, sin poder establecer número, distancias o pautas de comportamiento estancas, ante cualquier posibilidad de remate deberemos contar con el mayor número de atacantes que se pueda, ocupando las zonas más peligrosas para el rival: el primer palo, la zona del punto de penalti y el segundo palo, con el fin de, con la primera, llegar en ventaja y, con las otras dos, ocupar posibles lugares de llegada del balón. El segundo palo, además, suele ser zona en donde el defensa pierde la orientación del marcaje (otra ventaja del rematador); del resto debe llegar, a zonas de rechace, uno por lo menos. Nos quedan cinco y el portero: dependiendo del oponente, no suele ser necesario tener más de dos jugadores en vigilancia por delante de nuestro guardameta y, por si acaso, uno bien abierto en la banda contraria para recibir un cambio de orientación o ante una segunda jugada es interesante. Con los otros dos ya depende, pero uno puede ir a remate y otro quedar entre área y mediocampo para que no haya zonas descubiertas. Una distribución, cuanto menos, sensata y práctica que, con la experiencia, es más que suficiente para tener éxito y, sobre todo, para ser tan resolutivo en el remate como efectivo ante una posible pérdida. Su entrenamiento: repetición en cada ejercicio de entrenamiento, desde las "posesiones" hasta los partidos reducidos; desde las acciones combinativas hasta el 11x11. Repetición que, si es significativa y va quedando cada vez más en manos de la transmisión de jugador a jugador en lugar de en la de entrenador a jugador, poco a poco calará más y se tornará en hábito, siendo casi inconsciente. Saldrá sola.


Es imprescindible la conciencia plena en el ahora para poder estar concentrado el mayor tiempo posible. Son las diferencia de activación en las acciones de juego las que marcan diferencias por encima de aptitudes de otra índole. Una maravilla de este deporte es que se puedan enfrentar equipos de nivel antagónico en diferentes aspectos y que cualquiera pueda ganar. Con el engaño, la tolerancia al sufrimiento, la adaptación al medio, el estrés o, como decimos, el mantenimiento de la conciencia plena, de la atención máxima en cada momento, el pequeño puede vencer al grande. Y eso se entrena también. Pero eso, y tengo ganas, debe ser protagonista en otro capítulo. En otra entrada. Espero tus peticiones.


 Que tengas una feliz semana.


Mucha Vida. Mucho Amor. Mucho Fútbol

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