Como iba diciendo...

Continuando con las preguntas futbolísticas y futboleras que habíamos dejado empantanadas, esta semana nos vamos a meter con la defensa. O, para los que prefieran un lenguaje menos bélico, cuando nuestro equipo no tiene el balón.


Pedían nuestros amigos que las entradas venideras versaran sobre aspectos, desde el juego, cuando no tenemos la posesión de la pelota, relacionados con aquello del rival que condiciona la manera de defender; con en base a qué posicionar el equipo en "bloque alto, medio o bajo" y, según actitud, en defensa reactiva o activa; y con cómo, de manera general, trabajar la presión en defensa organizada (en base a qué orientar el juego rival por dentro o por fuera, y cómo trabajar trayectorias de acoso con el jugador). Si bien he mantenido el orden de llegada de las cuestiones, tengo que decir que me parecen estar, igualmente, en una disposición idónea para ser respondidas, pues la una anticipa a la siguiente de modo que las explicaciones puedan tener una comprensión mayor. Es por ello que, tal y como se han formulado, en el mismo orden, las respondo. Por adelantado dejo claro que lo que voy a exponer es tan solo una opinión mía, personal, y en base a mi experiencia. Las ideas acerca de defender, como todo lo que procesamos con nuestra parte racional (aunque condicionados por nuestro inconsciente), surge de copiar, nunca de crear. Dicen los científicos que saben de esto que no hay opción de que el cerebro cree nada de la nada...Y en lo que me trae hoy aquí, lo de defender, por ejemplo, si bien son ideas puestas en práctica desde que me dedico al fútbol como técnico y que en los cuerpos técnicos en los que he trabajado se han llevado a cabo, con mi forma de entenderlo, no cabe duda de que ver a los mejores ha sido clave para que esa manera de enfocar estas situaciones del juego se conforme de la manera en que lo ha hecho en mi mente. Desde Arrigo Sacchi, Capello, la primera etapa inglesa de Mourinho o Rafa Benítez en sus exitosos primeros años con Valencia o Liverpool, hasta Emery o Simeone, los entrenadores cuyos equipos recibían tan pocas ocasiones y goles han marcado mi modelo (y supongo que el de todos mis colegas), al hablar de defensa, y podemos decir que son el espejo en donde mirarse para sustentar un enfoque propio. Por ello que es de ley reconocer quiénes han sido mis maestros.


Aspectos del rival que condicionan la manera de defender de un equipo


Las situaciones a balón parado (hablo de todas, incluidas los saques de meta) son sencillas de preparar. Al fin y al cabo, el inicio cerrado de la acción hace más fácil observar un patrón determinado en el comportamiento rival y aplicar una ejecución propia efectiva (móvil parado, el juego se inicia cuando el lanzador decide, el atacante sabe lo que va a hacer y conoce el posicionamiento rival...). Observar si siempre sacan en corto por un lado concreto o si permiten la presión en un saque de meta, por poner un ejemplo, a mí me orienta a proponer maneras de neutralizar esa idea inicial rival desde otra idea determinada, con lo que se pueden preparar movimientos para recuperar el balón contra ese tipo de acciones y practicar en juego. Las situaciones en juego, abiertas, por el contrario, conllevan una dificultad mayor, la dichosa complejidad, pues si bien se pueden repetir patrones, nunca se repetirán de la misma manera. Aquí, para mí, practicar situaciones cerradas de partida e incluso automatizadas en el transcurso de la misma no tiene mucho efecto. Someter al jugador al contexto en el que, con un rival practicando un patrón de juego similar al del equipo al que te vas a enfrentar en competición, se den muchas ocasiones de practicar situaciones de juego, y dar un feedback significativo, es el mejor entrenamiento. De esta manera, utilizando al equipo B o al juvenil modelando al rival de cada jornada o reduciendo el espacio y el número de componente podemos encontrar un modelado de la competición gracias a simular el comportamiento rival y más repetición en el entrenamiento (más práctica, más experiencia, más feedback, más aprendizaje).


En base a qué posicionar el equipo en bloque alto, medio o bajo y, según actitud, en defensa reactiva o activa


Si bien el rival te da esa información para posicionarte de partida, las características del juego del equipo (sistema, relaciones, etc.), así como las de los propios jugadores marcan una pauta importante. Esa información es clave para entender si puedo proponer partir de situaciones más o menos adelantadas y si temporizamos y damos metros o si vamos a impedir que jueguen en cualquier zona del terreno de juego. Es obvio que cada partido va a generar múltiples situaciones diferentes y que pese a proponer que se repitan más unas u otras, será inevitable vernos expuestos a todas las posibles. Si, por ejemplo, vamos a darle la iniciativa al rival y planteamos de inicio replegarnos en todo momento a ocupar posiciones cercanas a nuestro área, la recuperación del balón y los contrataques que hagamos pueden generar pérdidas y que el equipo se haga más largo pese a no ser la primera opción, y eso nos obliga a ajustarnos. Si cada vez que perdiéramos el balón nos olvidáramos del mismo y buscáramos agruparnos en torno al área, podríamos encontrarnos con situaciones muy extrañas donde un equipo se despreocupara por completo de la pelota. Incluso exagerando esto o pudiendo encontrar equipos con esta propuesta, lo cierto es que el balón atrae al jugador, indefectiblemente, y que las decisiones son individuales, pese a que pueda haber cierta inteligencia colectiva. Eso provocará desajustes y, como todo sistema abierto, este volverá a buscar el equilibrio autoregulándose, ocupando unos espacios u otros. Por eso entiendo que el posicionamiento del equipo debe entrenarse en al menos tres situaciones de partida (saque de meta, rival con balón en su campo y rival con balón en nuestro campo) y a partir de ahí abrir el juego a que se de el mismo en toda su esencia y el jugador practique y reciba feedback útil cuando tenga su atención puesta en ello.


Cómo trabajar la presión en defensa organizada (en base a qué orientar el juego rival por dentro o por fuera, y cómo trabajar trayectorias de acoso con el jugador)


Para concluir, y resumiendo, esta pregunta me lleva a lo básico cuando no se tiene la posesión del balón. Si bien, por un lado, la manera de entrenar esto es la que he explicado en las dos preguntas anteriores, lo diferenciador está en los conceptos que entrenador y jugador deben tener en mente a la hora de practicar unos (los jugadores), de manera consciente, para que esa repetición se convierta en un hábito, y de  observar los otros (nosotros, los entrenadores) para poder mostrarles a los chicos información útil desde otro plano, desde otro enfoque externo y global. Aquí no tengo certezas (como en nada) pero, hasta que me demuestren lo contrario, veo algunos principios muy claros. Principios que deben ser lo que condicione el comportamiento del jugador ante la pérdida de la posesión, ya sea en juego o de partida.


- Evitar progresión (en cualquier parte del terreno de juego).


- Posicionarse entre el balón y la portería. Esto es fundamental para poder evitar la progresión del rival.


- Orientar al rival hacia las bandas, protegiendo el camino más directo a la portería y reduciendo las posibilidades de salida de esa zona.


- Priorizar tapar la progresión a la espalda de cada jugador  (con pase o conducción) y por el medio frente a otras opciones. Para eso se reduce la distancia entre las líneas y se ayuda al compañero más cercano al balón por detrás y en diagonal, evitando su juego interior y provocando que jueguen hacia atrás en lugar de progresar.


Todo esto se realiza desde marcajes zonales donde la referencia del movimiento de cada jugador será dónde está el balón y dónde está mi compañero, de modo que el equipo se mueva como un bloque en base a estas dos referencias, reduciendo el espacio dentro y detrás. Añadiría dos aspectos más que darán un salto cualitativo al equipo:


- Esa zona de la que hablo se rompe cuando hay opción de centro al área. Ahí, cada, jugador marcará al hombre hasta que la jugada acabe o no haya opción de más centros.


- Cada vez que un jugador rival con balón esté de espaldas o que el equipo rival dé un pase hacia atrás sin posibilidad de avanzar, el bloque entero del equipo sin balón avanzará el mayor número de metros posible para reducir el espacio de juego interior del rival e inhabilitar a los jugadores por detrás de la línea defensiva dejándoles en fuera de juego.


Parece una perogrullada esta lista de ideas, pero puedo asegurar que su puesta en marcha resulta un trabajo arduo, pues cada temporada se encuentran jugadores con distintas procedencias, estilos, características, y no es fácil llegar a coordinar un comportamiento colectivo único. Y que no tiene fin pues, somos humanos, evolucionamos cada día, aprendemos y desaprendemos, y eso hace que nunca seamos lo mismo, aunque busquemos ilusoriamente un modelo similar. Desajustes van a darse constantemente por decisiones individuales que lleven a aumentar o disminuir la distancia entre jugadores, a presionar o a temporizar por parte de uno sin dar tiempo a la reacción de los demás...por cualquier cosa que no podamos ni imaginar. Es el fútbol. Es la vida. Romper las barreras de las creencias que nos limitan a determinadas maneras de pensar es el muro a derribar en el entrenamiento, y no solo en el defensivo. Al fin y al cabo, lo que yo propongo es solo una idea, y hay entrenadores de equipos exitosos que utilizan defensas en zonas mixtas, marcando en zona dentro del área, presionando en todo el campo o dando todo el campo al rival; siendo muy directivos o dejando libertad absoluta al desarrollo del juego. No hay ninguna fórmula útil y todas pueden ser efectivas.


Espero que esta manera de ver el fútbol cuando no se tiene el balón te haya ayudado a abrir tu mente. Yo, desde estas ideas actuales tan firmes a la hora de plantear unos principios concretos, no me comprometo a que, si escribo algo parecido dentro de unos años, muchos de esos principios no hayan sido moldeados, cambiados o sustituidos por otros que, ahora mismo, me resultan absolutamente irrelevantes o innecesarios. Será síntoma de que sigo vivo, por un lado, evidentemente,  y, algo menos evidente, de que soy menos ignorante, por otro.


Mucha Vida. Mucho Amor. Mucho Fútbol

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