El valor de las victorias

2021 me recibe, aquí en Kuwait, con una final de copa. La Crown Prince Cup, disputada en apenas quince días, comenzó el 31 de diciembre para acabar el 12 de enero con la primera final, para mí, en fútbol profesional. No pudo ser. Mi equipo, Qadsia SC, tras un partido equilibrado, con menos posesión de la habitual y menos juego posicional, con balón, pero con más opciones, sin embargo, para marcar en contrataques de las que acostumbramos a ver por su particular forma de jugar, se fue a la prórroga con empate a uno. A falta de cuatro minutos para llegar a los penaltis, el “Iniesta de mi vida” se me cobró una factura eterna saldando la cuenta para que me quedara a cero en mi relación personal y privada con los momentos que quedan guardados en mi memoria de fútbol. Dos goles a uno para Al Kuwait SC. Habré de esperar para celebrar mi primer título. Una victoria en la liga de clasificación y ser finalistas de la Crown Prince Cup es el balance de lo que llevamos de temporada 20-21. El día 21 de enero comienza la STC Kuwait Premier League en su fase final y, antes de terminar la temporada, la Amir Cup. Dos oportunidades más para tocar la gloria en el fútbol profesional. Si bien es cierto que mi recorrido en esto del balón está plagado de victorias y momentos imborrables, tanto de jugador como de entrenador, la realidad es que la mayoría son importantes por suponer ascensos de categoría, salvaciones del descenso, eliminatorias de promoción en categorías no profesionales e hitos personales que, pese a ser importantes para mí y para mi entorno, o para el club o la ciudad en donde trabajaba, no suponen un título en sí. Ganar algo es muy difícil. Ser campeón, en cualquier país o categoría, es una muesca que, a pesar de haber tantos campeonatos a lo largo del mundo y tantas categorías (en la práctica, hay muchos ganadores en términos absolutos cada año), al ser tantos los participantes, en términos relativos, en porcentaje, queda marcada en el revólver de unos pocos privilegiados. En lo que atañe a los entrenadores, en el actual fútbol profesional hay tal demanda de trabajo y una oferta tan reducida que el hecho de “estar” es motivo de éxito. Aunque no se gane nada; cada equipo, por su parte, cumple objetivos particulares: para unos se trataría de disputar competición continental; para otros, de mantener la categoría o de superar el puesto del presupuesto que le antecede. Depende. De ganar, tampoco hablamos. Los ascensos, sin ir más lejos, que son grandes momentos, marcados éxitos individuales y colectivos, no siempre requieren ganar un título, ser campeón. Se puede ascender en eliminatorias a las que se accede partiendo de puestos inferiores a los de los rivales superados, por poner un ejemplo de las carambolas propias de estas competiciones. Sin embargo, en cuanto a títulos, aunque se ganasen esas eliminatorias, la liga en sí ya la habría ganado otro. Esta semana recuperaba un fragmento en rueda de prensa de Imanol Alguacil, entrenador de la Real Sociedad, donde valoraba la trayectoria de José Luis Mendilíbar, actual técnico del Éibar, en términos de que firmaría alcanzar él la mitad de carrera profesional que “Mendi”. Este, auténtica referencia para mí desde que tuve la fortuna de pasar un rato de charla con él, lleva prácticamente veinte años sin parar de entrenar. Algunos ascensos, algunos ceses, por supuesto, y muchos años seguidos cumpliendo objetivos con un equipo más que modesto dentro de una liga como la española. Entrenador de éxito, para mí, sin ganar una liga (en primera) o sin ganar una copa. Parece poner el listón bajo, valorar, tan solo, el hecho de permanecer, ¿no? En mi opinión, la competencia es tan feroz que el que permanece, año tras año, es un ganador; el que consigue objetivos, más aún; y el que gana, imagínate… Las críticas de “chiringuitos” a los entrenadores de élite, de grandes clubes, de selecciones nacionales, tienen su sentido en debates entre los aficionados y los medios, dentro de la “salsa” del deporte, en los enfrentamientos y rivalidades entre entidades, países, ciudades o masas sociales, en contextos de celebración, de “pique”, de entretenimiento. Una de las claves, esta, sin duda, del éxito del fútbol en el mundo entero como movimiento de masas. Pero a nivel profesional, técnico, debo decir que, si ya es difícil pasar el filtro que te permita entrenar a estos transatlánticos que son tamaños equipos, y permanecer (el tiempo que sea) en la famosa “rueda” española o “merry go round” inglesa, a los que ganan, aún más si cabe, no les puedo mostrar nada más que mi admiración. Desde el atril de los que estamos en el fútbol de élite no cabe el menor atisbo de duda en que los que ganan hacen algo tan complicado que su labor, sin tener que estar justificada solo por el resultado, debe ser analizada desde un prisma riguroso y contextualizado, plenamente libre de opiniones irreflexivas que queden en la corteza de lo que sus equipos transmiten por televisión. Hay mucho más detrás de las cámaras y eso me exige el máximo respeto. Ganar, en fútbol, es muy difícil. Mi amigo Pablo Franco ya ganó el año pasado un título (la Supercopa de Kuwait 2019). Y en este mismo equipo. Espero que mi aportación, esta temporada, pueda poner un granito de arena en la consecución de alguno de los títulos que quedan en liza (¡si no los dos!). De igual manera, ojalá yo pueda decir, dentro de unos años, como pensaba Imanol Alguacil, que mi carrera deportiva en fútbol profesional ha tenido la mitad de recorrido que la del gran “Mendi”. Que tengas una feliz semana. Mucha Vida. Mucho Amor. Mucho Fútbol The Value of Victories 2021 welcomes me, here in Kuwait, with a cup final. The Crown Prince Cup, played in just a fortnight, started on 31 December and ended on 12 January with the first final, for me, in professional football. It could not be. My team, Qadsia SC, after a balanced match, with less possession than usual and less positional play, with the ball, but with more options, however, to score in counterattacks than we are used to seeing due to their particular way of playing, went into extra time with a draw at one. With four minutes left to go to the penalties, the "Iniesta de mi vida" charged me an eternal bill settling the account so that I was left with nothing in my personal and private relationship with the moments that remain in my football memory. Two goals to one for Al Kuwait SC I will have to wait to celebrate my first title. A victory in the qualifying league and being a finalist in the Crown Prince Cup is the balance of what we've been doing this season 20-21. On January 21, the STC Kuwait Premier League begins its final phase and, before the end of the season, the Amir Cup. Two more opportunities to touch the glory in professional football. Although it is true that my career in football is full of victories and unforgettable moments, both as a player and as a coach, the reality is that most of them are important because they mean promotion to a higher level, salvation from relegation, elimination from promotion in non-professional categories and personal milestones that, despite being important for me and my environment, or for the club or the city where I worked, do not mean a title in itself. Winning something is very difficult. To be a champion, in any country or category, is a notch that, despite the fact that there are so many championships throughout the world and so many categories (in practice, there are many winners in absolute terms each year), as there are so many participants, in relative terms, in percentage, is marked on the gun of a privileged few. As far as coaches are concerned, in today's professional football there is such a demand for work and such a reduced supply that "being" is a reason for success. Even if nothing is gained, each team, for its part, fulfils particular objectives: for some, it is a matter of competing in continental competitions; for others, it is a matter of maintaining their status or exceeding their budget. It depends. We are not talking about winning, either. Promotions, without going any further, which are great moments, marked individual and collective successes, do not always require winning a title, being a champion. It is possible to be promoted in qualifying rounds, which are reached from positions inferior to those of the surpassed rivals, to give an example of the carom typical of these competitions. However, as far as titles are concerned, even if you won these play-offs, the league itself would have been won by someone else. This week he recovered a fragment in a press conference of Imanol Alguacil, trainer of the Real Sociedad, where he valued the trajectory of José Luis Mendilíbar, current technician of the Eibar, in terms of which he would sign to reach the half of professional career that "Mendi". This, a real reference for me since I was lucky enough to spend some time talking to him, has been training for almost twenty years without stopping. Some promotions, some dismissals, of course, and many years in a row fulfilling objectives with a more than modest team within a league like the Spanish one. Successful coach, for me, without winning a league (in first) or without winning a cup. It seems to set the bar low, to value, just, the fact of staying, right? In my opinion, the competition is so fierce that the one who stays, year after year, is a winner; the one who achieves goals, even more so; and the one who wins, imagine... The criticisms of elite coaches, of big clubs, of national teams, make sense in debates between fans and the media, within the "salsa" of sport, in confrontations and rivalries between entities, countries, cities or social masses, in contexts of celebration, of "pique", of entertainment. One of the keys is, without a doubt, the success of football as a mass movement throughout the world. But at a professional, technical level, I must say that, if it is already difficult to pass the filter that allows you to train these team-size transatlantic players and remain (for as long as it takes) in the famous Spanish "rueda" or English "merry go round", to those who win, even more so, I can't show you anything but my admiration. From the stand of those of us who are in elite football there is not the slightest hint of doubt that those who win do something so complicated that their work, without having to be justified by the result only, must be analysed from a rigorous and contextualised prism, completely free of unreflected opinions that remain in the crust of what their teams broadcast on television. There is much more behind the scenes and that demands the utmost respect. Winning, in football, is very difficult. My friend Pablo Franco already won a title last year (the Kuwait Super Cup 2019). And in this same team. I hope that my contribution, this season, can put a grain of sand in the achievement of some of the titles that remain in competition (if not both!). Similarly, I hope that I can say, in a few years, as Imanol Alguacil thought, that my sporting career in professional football has been half as long as that of the great "Mendi". Have a happy week. Lots of life. Much Love. Much Football


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