Habilidades del entrenador

Esta semana te he mostrado una manera de enfocar un proceso al que el entrenador debe adaptarse (o morir) que es el del desempleo habitual entre club de salida y club de llegada. Y ese enfoque era el de la evolución, el de utilizar ese tiempo (siempre precioso, el tiempo) para crecer, para progresar...para que en el próximo proyecto el David que aparezca en escena sea un David mejorado, con mayor nivel profesional: realmente, con mayor nivel a todos los sentidos. Esos árboles de la mejora profesional, del crecimiento, del desarrollo, de la ambición profesional son los árboles que no nos permiten ver el bosque.


Ofrecía un par de cursos estos días en redes sociales que me han parecido interesantes. Detalles que, de cara a aportar a los técnicos ideas que les ayuden a mejorar, entiendo como algo que está en mi mano compartir y que estoy "obligado" a hacer. Uno de ellos, especialmente, el que hacía referencia a la comunicación (la oratoria), ocupa una parte importante de las parcelas (del todo) que corresponden en mi cabecita a las habilidades que debo manejar como entrenador; habilidades profesionales; habilidades que me harán estar a la altura de lo que el deporte de alto rendimiento requiere.


Para ser entrenador hay que experimentar el fútbol. Como jugador, entiendo, inevitablemente, pero también como observador, como aficionado, como compañero, como titular, como suplente, como directivo...Es una opinión muy personal, no es una verdad. Es una sensación, la intuición de que algo tan práctico, por un lado, necesita de experiencias abiertas y repetidas (no siempre la misma, por favor) para generar aprendizaje, sabiduría sobre la materia, y, por otro lado, de empatía para entender la situación de cada uno y comprensión para aceptar las realidades, distintas para cada cuál. Abro un paréntesis: ¿es eso solo técnico, o no? Sigo. Para ser entrenador yo tengo una idea más o menos clara de lo que, para mí, se necesita manejar para desarrollar esta tarea, pero estarás conmigo (creo que coincidiremos todos los que reflexionemos sobre esto) en que para cualquier profesión necesitamos una formación específica: técnica para ser dibujante, conocimiento de programas para ser administrativo, estudios universitarios para desarrollar las labores porpias de un abogado o la práctica de las bases de la mecánica para desempeñar la labor en un taller de coches. Pon la profesión que quieras y necesitarás una base concreta, una teoría, unos conocimientos técnicos. Pero eso se aprende. Realmente, casi todo está al alcance de casi todos, solo requiere horas de estudio y práctica significativa, con un buen feedbak (te recomiendo el libro "The Peak", de Anders Ericsson). Pero hay una cosa que, si la tienes, te permitirá dedicarte a cualquier cosa que te plantees. Y eso lo tienes, te lo aseguro. Lo que pasa es que a veces el entorno, la cultura, las creencias, hasta la propia educación, nos cercena.


Cuando pienso en qué he evolucionado de manera realmente cualitativa en los últimos años no me paro a pensar en las mejoras tecnológicas, en mi capacidad para manejar Sportscode o en los protocolos para guardar la información de los partidos y los entrenos; no pienso en Apple ni Mediacoach; tampoco en el análisis del juego, en el desarrollo de tareas o en la metodología de entrenamiento; ni siquiera en eso que decía antes, en la oratoria (que también va mejorando). Cuando pienso en lo que ha sido realmente relevante me viene a la cabeza la toma de conciencia acerca de lo que realmente importa: los Seres Humanos. Y el primero, antes de atender a nadie, yo mismo.


Darme cuenta de mi infinita ignorancia, tomar conciencia de mis miedos, percibir conscientemente cómo escondía aspectos de mi personalidad que me avergonzaban o cómo ofrecía aquello que tapara lo que no quería mostrar; atención plena en mi relación conmigo mismo (en soledad) y en mi relación con los otros; la escucha activa, el silencio, la inacción, el desenmascaramiento del ego, la ocultación del orgullo, su puesta de manifiesto; permitir a las emociones estar sin esconderlas y ser vividas, afrontar las cosas que me acojonaban (físicas, personales, materiales), dejar atrás, abrirme a lo que venga, esperar, dejar de esperar, lidiar con las expectativas (ojo, que he tomado conciencia. De esto nunca acaba uno de aprender)...Joder, eso sí que es importante. Pero es importante para vivir, no para tu desempeño profesional. Eso sí, qué casualidad, si esto se toca, o se trastoca, afecta a lo profesional...¡para mejor¡ El mejor antenista, la mejor periodista, el mejor agricultor o la mejor conductora de autobuses necesita manejar estas habilidades porque esto es la vida. De VIDA va este juego. De repente, lo técnico pasa a un segundo plano cuando una persona está en paz (o no lo está pero lo siente, lo acepta, toma conciencia), es comprensiva, maneja su ego o se comporta de manera amorosa con el prójimo, pues lo técnico lo aprende, pero sin esto nadie puede ser el mejor en nada. ¿Y qué es ser el mejor? Ser el mejor en algo no significa superar a nadie. Los que tenemos a nuestro lado, o enfrente, rivales incluidos, no están ahí para que les superemos, sino para mostrarnos la imagen de lo que somos (un espejo) y de lo que nos gusta más, nos gusta menos, nos da miedo o nos alegra. Están ahí para que les usemos de palanca para ser la mejor versión que podamos ser (que, por cierto, es la versión que estás dando en este mismo momento); ser el mejor entrenador está al alcance de todos a la vez, no hay un top ten. No está al alcance de una élite que dirija en Champions o La Liga; ser el mejor entrenador está al alcance de todos los que nos ponemos frente a un grupo de personas, cada día, con la motivación estar a su disposición para que puede sacar lo máximo de sí mismo. Y eso se entrena de muchas maneras. Hay gente que necesita una enfermedad, una pérdida, una separación o un despido para comenzar el proceso; hay otros que vienen con mucho aprendido de "otras vidas"; otros aprenden rápido y otros no quieren aprender mucho. Pero esto no es una cosa de libros o vídeos, y sí lo es; no es una cosas de charlas y cursos, pero también; no es necesario tener maestros, pero para algunos esta es condición sine qua non. Es un camino propio, único. Es un camino de ida hacia un lugar en el que ya estábamos antes de salir.


"El fútbol es la cosa más importante entre las cosas que no tienen ninguna importancia", decía uno (o algo parecido. Me gusta así, la verdad). A mí me ha dado la posibilidad de encontrarme con lo que nunca debería haber perdido. Si me preguntas qué es lo que tengo que tener para ser el mejor entrenador del mundo, te lo digo, claramente: mucho amor. Seguimos aprendiendo.


Que tengas una feliz semana.


Mucha Vida. Mucho Amor. Mucho Fútbol

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