Todo se transforma

"Cada uno da lo que recibe y, luego, recibe lo que da", decía Jorge Dréxler. La energía no se crea ni se destruye. Tan solo se transforma. Pero habría algo antes de que hubiera energía, ¿o no? Uy, vaya lío. Voy a salir del barro antes de meterme hasta las orejas, a ver si después no va a tener remedio. Vamos a hablar de fútbol. Entender que todo lo que hacemos tuvo origen en una causa y que, esa causa, provoca un efecto, es esencial para responsabilizarnos de nuestra vida. Todo lo que nos ocurre tiene sentido y ha sido generado por nosotros mismos. Hablo de resultados, de consecuencias, de hechos, nunca de cosas buenas o malas. Si conoces el viejo cuento sufí del campesino a cuyo hijo envían a la guerra (si no, te invito a buscarlo), sabrás que todo lo que ocurre puede ser visto como algo malo, o algo bueno. Solo con la perspectiva del tiempo nos damos cuenta de que todo lo que pasó hasta la fecha ha sido generador de nuestro YO actual, y que el lugar en donde estamos, siendo fruto de ello, puede empezar a ser la semilla de otro YO diferente, si es que el resultado de nuestros actos no es el que nos apetece. Perfecto sin duda. El joven David estudiante, que acababa de dejar el fútbol en 2001, dedicaba todos sus esfuerzos a ser entrenador. Aparte de las horas de estudios, prácticas, entrenamientos y formación académica complementaria, hacía, como todos los jóvenes entrenadores ilusionados con poder vivir de la profesión, horas extras a diario y en fin de semana. No había festivos: partidos en directo y por televisión de todas las categorías, en cualquier punto de la Comunidad de Madrid, alrededores y, de España, a veces; horas a la intemperie, con frío, calor, lluvia o nieve, esperando a entrenadores de regional, Preferente, Tercera o Segunda B para charlar sobre el entrenamiento; encuentros con entrenadores de élite aprovechando estancias en hoteles, concentraciones o visitas puntuales a una ciudad por diversos motivos...hasta unas prácticas profesionales surgidas de un "asalto" a un técnico que venía a dar una ponencia a clase (David Gordo, actual seleccionador nacional sub17). Situaciones, a veces, comprometidas para mí; otras, sin duda alguna, sorprendentes para los protagonistas, pues no alcazaban a entender cómo este chico de poco más de veinte años se sabía su currículum de memoria y se pegaba horas y horas en circunstancias peregrinas para sacar, tan solo, unos minutos de información (la maestría o la sabiduría de aquellos profesionales, que es lo que da la experiencia, por desgracia, no se puede compartir: de eso me enteré luego). Toda esa energía de ese estudiante con sueños de fútbol se canalizaba en sentido del entrenador al que visitaba, siendo la suya, en sentido opuesto, alimento para mis sentidos, nutrición para mi Yo entrenador. Cada uno da lo que recibe y recibe lo que da, yo no tengo duda. Lo que he tardado en descubrir unos años es que no se recibe exactamente de la persona a la que has dado. La insatisfacción en este sentido que a veces he compartido en mi entorno con los míos denota unas expectativas en lo personal que nos hace sentirnos defraudados con aquellas personas a las que hemos "dado tanto" (a nuestro parecer: cuidado con los victimismos) y de los que no hemos recibido en la misma medida (vete tú a saber qué pretendíamos recibir). Lo que he aprendido es que cuando doy con amor, sin esperar nada a cambio (de verdad) recibo más de lo que doy. Lo que ocurre es que no suelo recibirlo exactamente de la misma persona, institución o colectivo, ni en la misma proporción, aunque a veces sí que sea casi recíproco. Entendí, con esto, que toda la energía está compensada de una manera tan perfecta que no hay manera de recibir menos de lo que das. Ahora, no sabemos ni cómo, ni cuándo, ni de quién. Todas esas horas de espera a las puertas de estadios, hoteles y campos tuvieron como "premio" conversaciones riquísimas con todo tipo de personas que, de una manera u otra, formaron parte del conglomerado de experiencias que conforman lo que soy hoy. Nunca podré devolver a toda esa gente el tiempo, lo más preciado y valioso de la vida, que emplearon conmigo. Esta semana, hablando con uno de los técnicos del club, me comentaba, a raíz de las visitas casi a diario que recibimos de entrenadores de todas las categorías, conocidos o no de nuestro entorno, para saber de nuestro trabajo y de la forma de enfocar la profesión en la práctica real, que la mayoría de los que vienen salen sorprendidos por el trato, el tiempo y la naturalidad con la que compartimos ratitos más o menos largos, dependiendo del día y del momento, con ellos. Sin embargo, yo no dejo de pensar que todos estos "raticos" son la energía de aquellos entrenadores que se prestaban a invertir un poquito de su tiempo en atender a mis ilusiones de estudiante. Una energía que, aunque me gustaría, nunca podré devolverles directamente a ellos en la misma medida pero que, de otra manera, les llegará igualmente por otras personas, por otras situaciones, estoy seguro, pues, para que se mantenga ese equilibrio universal, todo lo que se dio, no solo no desaparece sino que, cuando menos te lo esperas, de un modo u otro, nos vuelve. Los entrenadores que hoy pasan por nuestra oficina, por casa o con los que compartimos tiempo en cualquier hotel de concentración, reciben lo que otros dieron en su momento. No puede ser de otra manera. Que tengas una feliz semana. Mucho Amor. Mucha Vida. Mucho Fútbol.

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