Un domingo anormal

Raudo se muestra el tiempo, en estos confines del mundo, arrollando con violencia los días que, sin apenas darme cuenta, se van tachando en mi calendario cuando solo acaba de empezar un nuevo año. Por las circunstancias que ya sabes, año, este, con un inicio muy poco frecuente que alumbra el comienzo de sus competiciones cuando, en realidad, estas deberían haber empezado cinco meses atrás. Por ello me veo atropellado por los entrenamientos y partidos que no dan tregua ante una programación de campeonatos alocada que quiere conocer a sus campeones en apenas cuatro meses y medio. De este modo, a 23 de enero, ya conocemos al de una de las copas (Crown Prince Cup) y estamos en medio de la liga nacional que, a primeros de mayo, ya tendrá también ganador, como preludio de la segunda y última copa, la Amir Cup, con la que se cerrará la 20-21, que no se demorará más de quince días en su desarrollo. Una locura. Te reconozco que cuando uno está lejos y solo, la relatividad ayuda. La velocidad con la que pasa el tiempo me acerca a casa otra vez, a la familia, a los míos. Apenas estaba llegando y siento cerca la hora de rehacer las maletas en sentido contrario; pero, a la vez, me ayuda a parar y desaparecer del universo para moverme en una realidad paralela, sin tiempo ni espacio, donde leer, estudiar y meditar, cubriéndome de un ahora eterno, a veces, por solo minutos. No sé cuánto durará esta vida nómada y solitaria condicionada por una labor cada vez menos pasional y más pragmática. Quizás por eso, por no saber cuánto queda, mejor centrar el tiro y ponerle todo el foco. No sea que vuelva a arrepentirme. La liga ha empezado con victoria. El liderato de esta primera jornada es la foto que deseo en las clasificaciones oficiales, apps y webs de fútbol internacional para la decimoctava. Cumplir el sueño de ganar un título en fútbol profesional es otro pequeño incentivo a la aventura kuwaití. Como te decía la semana pasada, ganar es muy difícil. Siempre. En cualquier país. En cualquier categoría. No va a ser menos aquí, con lo que menor no será su valor. Próxima jornada, la segunda, el día 31 de enero. ¿Ves? El tiempo vuela… Escribo estas cuatro líneas desde un domingo anormal. Anormal en el mundo árabe, donde este día es el primero de la semana laboral, pero un domingo cualquiera si estuviera en España. Concluida la jornada en viernes, como podría suceder en La Liga, observo el mundo sentado en el sillón de un finde libre, sin entrenamientos, que antecede a seis días seguidos de entrenos para preparar el segundo encuentro de la STC Premier League. Este “Sunday morning”, como la canción de No Doubt, me otorga tiempo, más del habitual, para lo que quiera. Aparte de mi entrenamiento, del cuidado personal o del esparcimiento, propios de mi rutina diaria, sea cual sea el día, me deja espacio para escribir, para leer más, para reflexionar sobre cosas propias del fútbol y ajenas a él: cosas de la vida. Se mezclan en mi cabeza ideas inconexas sobre la realidad actual, sobre las relaciones humanas en este estado de pandemia; sobre la lucha entre la realidad y las expectativas; sobre lo que conozco y lo que quiero reconocer cuando todo esto pase; sobre la absurdez de la reflexión anterior, propia del miedo a lo desconocido; sobre la corrección política y la autocensura, que me lleva a comportarme de manera neutra ante situaciones en las que tengo una posición concreta, hacia fuera y hacia dentro; sobre el miedo, otra vez, que me lleva a guardarme mi opinión para proteger mi futuro, para que nada me afecte, para que nadie tire de hemeroteca, algún día, y malogre una oferta, un fichaje; sobre la libertad asociada a actuar movido por el amor o por el temor a las consecuencias de una decisión; sobre si eso es inteligencia, o no; sobre las injusticias y la justicia, términos ambos que, desde cierto punto de vista, representan dos conceptos que no existen; sobre los derechos y los deberes; sobre la impunidad de los que, a sabiendas, dictan resoluciones contrarias al bien de otro; sobre los que engañan; sobre los que se aprovechan de su posición; sobre la empatía y la comprensión de los que, al contrario de los anteriores, se ponen en el lugar del prójimo pues saben que, si fueran ese alguien, harían lo mismo, pues serían ese alguien. No sé si yo estaré tan libre de pecado como para tirar una primera piedra, en el sentido que sea. No lo sé, la verdad. Intuyo que no en casi todo. Sé, a ciencia cierta, que no lo estoy en muchas cosas. Pero eso es parte del aprendizaje. Uno de los valores de la experiencia es el de conducir a un comportamiento diferente en una ocasión próxima similar. Para el bien propio y el común. Si uno no es ejemplo de nada, tampoco está como para otorgarse el papel de juez de otro. “La vida es mu complicá, aunque parezca mu sencilla”, decía Fernando Tejero en Días de fútbol. La comedia, y dentro de ella, sobre todo, el sarcasmo, resta importancia a lo cotidiano. Complicada o sencilla, la vida es una broma que merece ser tomada en serio (o algo muy serio que debemos tomarnos a broma. Coge la que quieras): la de uno mismo, primero, y la de los demás, con ella (no después). Que tengas una feliz semana. Muchas Vida. Mucho Amor. Mucho Fútbol


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